Viviendo despacio

Por Ale Vargas

En la actualidad no tomamos tiempo para nosotros, nos empeñamos en dirigir nuestras vidas y la de nuestros hijos, todo debe estar bajo control, falta tiempo cuando falta el espíritu de vivir, porque no hay un compromiso consigo mismo.

 

Todos en el mundo tenemos tiempo por igual, pues nadie tiene ni más ni menos de 24 horas por día. ¿Entonces por qué parece que cada día podemos hacer menos?

 

¿No sería genial vivir en un hogar dónde se disfrute de la presencia de todos los seres que vivan en ella, dónde el tiempo fuera realmente de calidad, calidez y respeto?

 

¿No sería útil que las empresas de nuestra comunidad, ciudad, estado o país, empiecen ya a pensar en desarrollar programas serios de “calidad sin prisa” hasta para aumentar la productividad y calidad de los productos y servicios sin necesariamente perder Calidad del Ser?

 

Vivir despacio, significa retomar los valores esenciales del ser humano, de los pequeños placeres de lo cotidiano, de la simplicidad de vivir y convivir con la familia.

 

Significa un ambiente en el hogar y de trabajo menos coercitivo, más alegre, más leve y por lo tanto, más productivo, donde los seres humanos realizan, con placer, lo que mejor sabe hacer o dedicación de aprender lo que no sabe.

 

Significa, hacer las cosas con más calidad y productividad, con mayor perfección, con atención a los detalles y con menos estrés. Es más importante retomar los valores de la familia, de los amigos, del tiempo libre, del placer del buen ocio o el ocio constructivo, y de la vida.

 

Esta generación creció aprendiendo conceptos como: “Comida rápida” y “El tiempo es dinero”, pensando que estos son sinónimos de calidad de vida. Pero sólo han generado mayor tensión en las personas, porque se debe cumplir con un horario, con un estilo de vida… que no es vida.

 

Vivir despacio es estar aquí y ahora presente, enfocados y disfrutando, lo contrario del concepto de globalización de lo indefinido y anónimo.

 

Vivir despacio es ser testigo la vida misma, agradecer por todo lo que se tiene, observar con amor la creación manifiesta en lo que nos rodea, esto es uno de los mejores regalos que podemos dar en vida a nuestro niños.

 

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El hábito del ahorro en los niños

Por: Ale Vargas

Como padres estamos preocupados en dar a nuestros hijos experiencias de vida que los hagan crecer y tener éxito, pero… ¿cuántos padres se han puesto a pensar en las deudas que podrían adquirir en el futuro y si serán capaces de liquidarlas?.

Es necesario que como adultos aprendamos a manejarnos financieramente, ya que este hábito se lo heredaremos a los niños.

Para empezar necesitamos fijarnos metas reales, en relación a los ingresos, los gastos y los posibles objetivos a corto, mediano y largo plazo.

Para una sana formación económica podemos empezar por darles a los niños una pequeña cantidad semanal que ellos van a tener que administrar para cumplir sus deseos, es importante que no todo se gaste, hay que dejar una pequeña parte para ahorrar, ya dominado este ejercicio, podemos sugerirle al menor crear una cuenta de ahorro.

Enseñe a sus hijos a no tener deudas y a ganarse el dinero. Este dinero puede otorgarse como recompensas por haber hecho algunas labores como; lavar el coche, pasear perros, cuidar el jardín, etc. Aliente al niño a ser proactivo.

En estos días muchos jóvenes que entraron a la etapa laboral están teniendo muchos problemas para empezar a pagar sus cuentas, adquieren deudas insoldables por el uso desmedido de las tarjetas de crédito, lo que está generando estrés, ansiedad, depresión, aparte de declarase en bancarrota ¡Antes de los 30 años!.

Sea práctico y pregunte a su hijo antes de que quiera comprarse algún juguete, ropa o aparato electrónico, si es necesario que lo tenga, si lo va a usar, si le va a ayudar o al mes terminará arrumbado en el rincón, no hagan un gasto inútil, de otra forma no apreciará lo que tiene y cuánto cuesta ganarlo.

El espíritu de servicio en los niños

Por: Alejandra Vargas

Como padres siempre estamos preocupados en que nuestros hijos tenga las mejores oportunidades en la vida, los llevamos a clases extras por las tardes de arte, matemáticas, natación, idiomas, etcétera, la lista es tan ilimitada como la misma imaginación.

Creemos que con ello les aseguramos un futuro exitoso y feliz, tal vez para algunos así sea, pero para la mayoría de los pequeños esto es factor de mucho estrés y ansiedad.

Es curioso, he llegado a preguntarle a alguno de estos bien intencionados papás si desearían que sus hijos fueran serviciales, compasivos y amorosos, la mayoría ni siquiera entiende la pregunta, porque piensan que esto no tiene alguna utilidad práctica para la vida, ya que están más enfocados en sembrar en ellos valores comerciales, más que valores humanos.

Esta confusión comienza por que en ellos mismos no cabe el concepto de servicio y amor incondicional al prójimo, valores como la compasión son tomados como signo de debilidad y vulnerabilidad, cuando es uno de los sentimientos que más fortalecen a una persona en carácter y actitud.

Hace algunos años estuve viviendo en la sierra mixteca de Oaxaca en las afueras de un pueblo llamado Juxtlahuaca, una tarde bajé al pueblo para caminar, frente a la iglesia del lugar se encontraba una mujer sentada vendiendo collares de semillas, cuando me acerqué para preguntarle el precio de uno de estos, desde lejos vino corriendo una pequeña y gritaba:… ¡son de 10 pesos!… en ese momento creí que el puesto era de la criatura y le pagué los diez pesos por un collar, al despedirme le pregunté a la niña que si ella hacía los collares, me contestó: ah no, yo crío gallinas en mi casa, yo sólo le ayudo a la señora porqué es sorda. Y desde tu casa vienes corriendo para ayudarle a vender sus collares?, Volví a preguntar, si contestó la chiquilla con una enorme sonrisa… Le dije: sabes lo que estás haciendo? Un hermoso servicio de amor, esta comenzó a brincar de alegría y gritaba: ¡estoy haciendo servicio, estoy haciendo servicio!

Siempre que recuerdo este sencillo incidente se me llena el corazón.

Existen muchas actividades que los niños pueden hacer como servicio, en primer lugar está la casa, ayudando a mamá con tareas sencillas como: limpiar su cuarto, guardar su ropa o recoger la mesa. También hay muchas instituciones como la Cruz Roja que tiene tareas para niños como llevarlos a asilos o dar juguetes a niños de escasos recursos, o los Boy Scouts que tienen un acercamiento más directo con la naturaleza y el trabajo en equipo.

Cuando los adultos entendemos que podemos actuar sin dañar a otros seres vivos, que podemos hacer servicio de amor incondicional, dejamos en los niños una semilla que no sólo los hará mejores seres humanos, también se darán cuenta de lo afortunados que son y serán más agradecidos, Hacer servicio es una experiencia gratificante y un camino seguro para la verdadera felicidad.

Diferencia entre juego brusco y Bullying

Por: Alejandra Vargas

El Bullying se ha convertido en el tema de más preocupación en la actualidad y muchos padres de familia y maestros están poniendo atención por evitar y resolver el acoso en las escuelas de sus hijos y alumnos, pero esta buena intención puede caer en la exageración si se pierde el sentido común.

Muchos padres y maestros no saben diferenciar entre el juego brusco y la violencia, entonces comienzan a aislar a sus hijos y alumnos de la convivencia con otros compañeros de clase, cabe señalar que existen claras diferencias entre el juego tosco y la agresión.

En el Bullying la agresión es repetitiva y tiene la intención clara de herir y lastimar al compañero de manera verbal y/o física, este tipo de violencia puede durar meses y hasta años, dejando secuelas psicológicas para la víctima de por vida y pueden llevar al suicidio.

Varios estudios han demostrado que el juego brusco ayuda a los niños en varios niveles; en primer lugar les ayuda a hacer ejercicio, también les ayuda a tener relaciones sociales más saludables, ya que dentro del mismo juego aprenden a perder, a ganar y a saber pedir perdón si es que se les pasó la mano.

Esto lo podemos ver en algunos deportes de contacto, cuando los buenos jugadores al terminar una jugada brusca, ya sea una tacleada o un empujón, ayudan a levantar al oponente y no hay en ello ninguna emoción de ira involucrada.

Con el juego los niños aprenden a establecer reglas, a crear dinámicas y a usar su imaginación ellos pueden ampliar su rango de tolerancia y respeto, cuando ven en el otro a un amigo y compañero.

Así es que debemos dar a los niños la oportunidad de llevar una infancia más normal, realista y feliz.